Tuesday, December 08, 2009

ELIPSIS





Con el permiso y la admiración de la atmósfera Austeriana.



Cuando se cerró la puerta y vio salir al hombre del traje NEGRO, en su cara apareció una sonrisa.


Hacía semanas que él, el hombre del traje AZUL no había tenido clientes, nadie había llamado a la puerta de la oficina y ahora después de volver a tener un caso se sentía feliz.


Las instrucciones estaban claras. Era un buen trabajo, él lo había aceptado. NEGRO quería que vigilase a ROJO y lo haría desde un apartamento que el primero había alquilado en el bloque de enfrente del hombre a quien tenía que vigilar.


Salió a la calle y se dirigió al gran parque de la ciudad. Desde allí, buscó una cabina y llamó a Sabrina, su novia.
Le dijo que tenía un trabajo y que se ausentaría unos días, quizá una semana para realizarlo. Antes de colgar le dijo te quiero.
Se sentó en un banco, aquel día de finales de Octubre había amanecido soleado, no había ni una nube. Cerró los ojos y se puso a repasarlo todo.
Me trasladaré a un apartamento en la calle 12 ( al pensar esto se palpó con la mano el bolsillo y notó las llaves que le había dado aquel hombre).
El apartamento esta frente a el otro edificio, mi ventana da justo a la ventana donde se encuentra el hombre que debo vigilar, El hombre del traje rojo, dependiendo de lo que dure el caso cada semana dejaré un sobre cerrado con un informe detallado en el monumento al presidente, en la parte norte del parque central, cada domingo a las 12 del mediodía.
Abrió los ojos, el cielo seguía azul sin una nube, se levantó y paseando se dirigió a su apartamento, metió en una maleta lo que creyó necesario.
El resto del día lo pasó ocupado en otros asuntos.
Esa noche durmió mal. Se levantó sobresaltado e inquieto. Tocándose la entrepierna se dio cuenta de que se había orinado.
Llegó al apartamento a las 10 desde donde debía comenzar el trabajo. Apenas hubo entrado en el, percibió que era un lugar confortable. Todo estaba limpio y pulcro, el salón era muy espacioso, un torrente de luz lo inundaba todo.
Era sin duda mucho mejor que su apartamento.
Dejó la maleta y acercándose a la ventana vio a su hombre. Allí estaba con su traje rojo.
Movió una mesa junto a la ventana y cogiendo una silla se sentó a observarlo.
El hombre estaba de espaldas, tenía un lienzo sobre un caballete y estaba pintando un cuadro. Azul se sintió intrigado, sacó unos prismáticos de la maleta apuntando con ellos al otro apartamento. Rojo era un hombre alto, más o menos como el, llevaba puesto un traje limpio y perfectamente planchado.
Graduó sus prismáticos, quería ver que era aquello que pintaba. Lo que le pareció ver le dejó un tanto perplejo.
Una hoguera, unas llamas que subían al cielo y lo que parecían unas figuras borrosas alrededor.
Rojo permaneció pintando mucho tiempo, de una forma minuciosa, después se sentó en una mesa, frente a la ventana y se se puso a leer un libro.
Azul lo observaba todo con cierta inquietud no entendía su misión en todo aquello.
Cuando anocheció ROJO encendió una lámpara junto a la mesa y siguió con su lectura hasta acostarse.
Al día siguiente cuando AZUL se levantó Rojo ya estaba en el mismo sitio pintando el cuadro de aquella forma meticulosa. Azul necesitaba bajar apenas diez minutos a la calle a comprar algo de comida. Extrañamente pensó que ROJO no se movería.
Así fue, tardó exactamente diez minutos de reloj y allí se encontraba ROJO tal y como lo había dejado.
El resto del día casi fue igual al anterior. AZUL se entretuvo leyendo dos periódicos deportivos que había comprado. Por la noche al acostarse pensó en Sabrina.
En aquella primera semana Rojo bajó tres veces a la calle, una de ellas a comprar pinturas y un lienzo nuevo, las otras dos a comprar comida. AZUL lo siguió siempre sin ser visto.
Llegó el domingo y azul preparó su primer informe. Pensó en ir al parque y dejarlo en el lugar previsto, cuando vio que ROJO se preparaba para salir a la calle.
Bajó y comenzó a seguirlo, se había metido el sobre en el bolsillo de la chaqueta.
ROJO parecía distraído, sin rumbo, despreocupado. Atravesaron varias calles, llegaron a una plaza, torcieron a la derecha, después a la izquierda y luego llegaron al parque.
Rojo siguió caminando hasta el centro y se sentó en un banco, cerca de la estatua del presidente.
AZUL se sentó no muy lejos observándolo en la distancia. A las doce ROJO se levantó y comenzó a caminar.

Al pasar junto a la estatua AZUL dejó el informe en el pie de la misma. Siguiendo el mismo trayecto pero a la inversa llegaron al apartamento, ROJO siguió pintando, leyendo o sentado en la mesa mirando por la ventana.
La rutina de la segunda semana fue casi la misma sin apenas variaciones.
Extrañamente AZUL se había ido despreocupando y cada vez se sentía más cómodo.
Pensaba en llamar a Sabrina, pero cuando se disponía a hacerlo colgaba porque no sabía que decirle.
El domingo Rojo volvió a salir de la misma forma como vagabundeando, sin tener ningún propósito ni querer llegar a ninguna parte, para acabar llegando al parque y sentarse en el mismo banco.
De la misma forma ROJO se levantaba y AZUL dejaba en el lugar ya citado el informe.
Cada lunes aparecía en su buzón un sobre con el dinero, tal y como se había pactado..
Así pasó la tercera, la cuarta y la quinta semana, casi del mismo modo.
Apenas ya se preocupaba en vigilar a ROJO , únicamente lo observaba con cierto abandono.
Poco a poco a la vez que se había acostumbrado a la situación AZUL intuía cosas que comenzaban a inquietarle. Seguía sin saber nada del hombre que lo había contratado y que cada lunes le pagaba puntual. Se pasó días pensando en ello, días que se repetían a otros como un calco que ya había escrito en su informe.
Una noche en la cama se puso a pensar en Sabrina, la imaginó desnuda, tendida en la cama, tenía una erección y se puso a masturbarse pero tuvo que parar.
No pudo seguir por que por mucho que se esforzase ya no conseguía ver la cara de Sabrina. Esa noche lloró por primera vez después de mucho tiempo.
El día después fue domingo, y resultó exactamente igual que los otros y sentado en el parque observando a ROJO decidió que al día siguiente esperaría escondido en el hueco de la escalera a ver quien era el que le dejaba el dinero.
Bajó pronto, apenas amanecía y se acurrucó bajo la escalera, al fondo podía ver el pasillo y la hilera de buzones.
A punto estuvo de dormirse, todo el rebosaba hastío, pero a las nueve se abrió la puerta y una figura entró SE SACÓ UN SOBRE DE LA CHAQUETA Y LO METIO en su buzón. Al hombre solo lo pudo ver de espaldas, pero casi desde el primer momento tuvo la seguridad de que era ROJO.
Una sensación de vacío le hizo cogerse con las manos el estómago.
Subió corriendo a su apartamento y al entrar en el salón vio un caballete y un cuadro, se llevó las manos a la cabeza, le sudaban, se acercó a la pintura y miró de cerca la escena.
Una hoguera en la noche oscura, alrededor figuras apenas perceptibles, a un lado casi saliéndose del cuadro, un hombre parecía mirarle. Era el MISMO.
Miró por la ventana, ROJO seguía en su apartamento, de espaldas, pintando.
Le temblaban las piernas, se giró y vio que había dejado la puerta abierta. Sintió una necesidad casi fisiológica de salir corriendo y comenzó a bajar las escaleras.
Salió a la calle jadeante y levantó la vista hacia la ventana y vio como ROJO lo miraba por primera vez y tuvo miedo, mucho miedo por que a quien vio realmente fue a sil mismo.
Corrió sin parar, sin detenerse ni mirar atrás, llegó al parque extenuado y al acercarse a la estatua del presidente vio los sobres con los informes, quizá una veintena, quizá más, uno encima del otro. Nadie los había cogido.
El día era soleado como los habían sido todos, parecía que no hubiese pasado el tiempo, que este no hubiese tenido consecuencias.
Andando se dirigió al fondo del parque, al lago de los patos. Se quitó los zapatos, la chaqueta y la camisa, los pantalones, los calzoncillos y los calcetines. Despacio como si entrase en el mar más limpio y más azul se sumergió en las aguas negras y en el lodo hasta desaparecer.

Luis Roser

3 comments:

ferroviario pinelli said...

Espero, que no te de por escribir un reato de 600 hojas, mas que nada porque haría tarde para desayunar, trabajar, comer……

Me ha vuelto a pasar, como con el anterior, no lo he podido dejar hasta el final.

Lo que si noto es una pequeña obsesión, con el desdoblamiento corpóreo, ¿quieres estar en el pellejo de otro tú, por casualidad?

Sigue, sigue, con el 1er. Ciclo de relato negro, policiaco, delirante y de misterio.

slds

Estela Alcay said...

De nuevo el color nos incita a seguir leyendo con toda la intensidad de que somos capaces, sin levantar la vista del texto, buscando más y más.
Espero leer muchos más, sabes que me encanta tu estilo y que me haces disfrutar esperando el desenlace final, sorpresivo y fantastico.
¿Para cuando la novela?
Sigue así, besicos arco iris.

mi nombre es alma said...

para estos días y para siempre, un brindis para el día de mañana, pincha aquí