Monday, October 19, 2009

TOKIO BLUES




TOKIO BLUES




Haruki Murakami.




Esta es la segunda novela que comento de este autor, próximamente lo haré con la deliciosa Kafka en la orilla.

Tokio Blues, nos habla del precio que hay que pagar a veces en la juventud, de las decisiones acertadas o las equivocadas, del peso de las relaciones.
De la búsqueda de la felicidad y de la paz interior, por que no decirlo. Aunque el autor sitúe a sus personajes en un laberinto de dudas, sentimientos, indecisiones…
Esta es una novela bonita y bella, y tranquila, sobre todo tranquila.

Estamos ante una historia en la que casi “parece” que no ocurre nada, esta es una de las genialidades de Murakami, ya que la novela transcurre relatándonos los avatares personales y la trayectoria vital de Toru Watanabe. Pero solo eso, no hay una línea de acción bien definida en el libro, en cambio nos encontramos unos diálogos, ingeniosos, a veces geniales, unas conversaciones entre los protagonistas que nos hablan desde lo más profundo de la condición humana.
Como digo unas interacciones entre los personajes, ágiles y bien construidos, construidos sobre todo tipo de cosas y aspectos desde el más intelectual al más vulgar, desde lo más trascendente a lo más prosaico…
Como casi siempre Murakami nos sitúa en Tokio, aunque esta vez hay un escenario en donde transcurrirá parte de la historia, un peculiar y poco ortodoxo sanatorio mental.

Todo comienza en un sitio en principio poco evocador, un aeropuerto europeo en donde Watanabe pasados los años se encuentra por motivos de trabajo, cuando comienza a sonar la melodía de “Norwegian Word”, la famosa canción de los Beatles y comienza a recordar sus años de juventud, en un Tokio efervescente, una ciudad envolvente por su propio magnetismo y su invasora indiferencia….
En la novela básicamente se nos relatan las experiencias del protagonista y otros personajes que le rodean, en torno a las difíciles y a veces dramáticas experiencias de juventud, como los primeros afectos, las decisiones trascendentes, los descubrimientos de aquellos primeros años universitarios.
Pese a lo que estoy contando la novela de Murakami tiene una solidez y una extraña madurez que te atrapa desde la primera página, alejándolo de las cursis y a veces insulsas novelas “para jóvenes”, por eso si algo aporta esta novela al lector es equilibrio,
Un equilibrio perfectamente medido, junto con un tono de evocadora melancolía de lo pasado, de lo que ya no volverá, pero de lo que hemos aprendido tantas cosas aunque a veces haya sido a base de perderlas….

Aquí los jóvenes son rebeldes y hacen su particular revolución, pero sin hacer ruido y hasta se podría decir que con cierta seriedad y argumentación. La verdadera revolución de Watanabe y el resto de los personajes de T B, es la revolución sentimental, las decisiones ante la indecisión, ante la abrumadora soledad de los escenarios inmensamente urbanos donde se desarrollan la mayoría de las cosas que ocurren.
Por eso tienen tanta importancia los diálogos, donde mejor se muestra el verdadero peso de los personajes que son los que verdaderamente van tejiendo la historia.

En este comentario sobre esta novela, me he propuesto apenas hablar de la historia en sí, ¿por qué?, pues por que esta historia no muere cuando la lee el lector, ni se olvida…si yo ahora la contara, casi moriría la historia….por eso prefiero que la descubran ustedes mismos. Además son tantas y tan variadas las sensaciones y emociones que esta novela ha causado en mí que prefiero centrarme en ello.
Aunque si me gustaría hablar un poco del protagonista principal Watanabe.
El es el verdadero pilar de la novela, junto con otros que van surgiendo poco a poco a su alrededor. Watanabe es la calma y el análisis, el observador, el ecuánime y justo amigo que escucha que guarda silencio y se acabará de fumar el pitillo mirando al cielo antes de dar su opinión.
Y no es que el carácter y la personalidad de Watanabe sean perfectas o sólidas como el hormigón, mas bien se trata de que este personaje que va pasando por la vida como un observador de las circunstancias propias y ajenas, actúa como un imán, al que acaban acercándose una suerte de personajes dispares y que representan roles perfectamente establecidos en el Japón actual.
La seguridad y la inseguridad en uno mismo, la frialdad antes los demás o los afectos, las ganas de vivir, o las ganas de quitarse la vida….
Todo esto relatado en los ya habituales escenarios Murakamianos, si es que esta palabra que me acabo de inventar existe, las casas de comida japonesas, los barrios periféricos…
Quizás también ayude a la forma en que se cuenta esta historia, el flash back, la música un componente muy presente en ella desde el principio y que contrasta muy bien con el halo emocional y los matices que van desde lo trágico a lo celebrado de todo lo que va recordando Watanabe y que no dejan de aportar frescura y post modernidad a la historia desde el Jazz hasta el rock.
No debo de olvidar un constante ante la cual se tiene que enfrentar el lector y los personajes, la idea del suicidio que merodea a varios de ellos y que acaban llevando a cabo algunos y el desequilibrio emocional.
Aunque este último aspecto es muy ininteresante por que aporta una serie de ópticas muy interesantes acerca de la propia opinión de los personajes sobre ello y en definitiva de su propio paso por la vida.

Tiene algo Tokio Blues de permanente enganche con el lector, no es la mejor ni la más sublime novela que leeremos, pero es un ejercicio literario atemporal y preciosista, personajes que vagan por la ciudad absorbidos por su ritmo, ensimismados en su caos, aportando modernidad y frescura al propio texto, personajes diluidos en una espiral de falsa indiferencia, casi sin presencia familiar, con pocos afectos, casi dejados en la escena por capricho del autor….construyendo una especie de homenaje a la abstracción de los sentimientos y de las relaciones…
Una abstracción, por otra parte no tan abstracta. Para nada, la obra de Murakami rezuma amor y vida por los cuatro costados, otra cosa es nuestra apreciación de la narración como ciudadanos europeos, aunque este sea en mi opinión uno de los mejores aciertos de Murakami en cada novela, que en definitiva, no se nos haga tan extraño las diferencias transculturales….

Estoy enganchado a este autor….lo reconozco.
Una novela maravillosa sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la desdicha. En donde nos demuestran que es posible hablar de estos y estos temas sin dramatismos ni fanatismos y mucho menos Dogmatismos…..

Un canto a la libetad


13 comments:

Manolo said...

No he leído esta novela pero ahora mismo estoy con Kafka en la orilla. Al principio la cogí expectante para ver que me encontraba. No había leído nada de este autor. Pero poco apoco me está enganchando y ya no puedo dejarla. A ver si la termino antes de que hagas el comentario. Creo que Tokio blues será la siguiente de mi lista.

Un abrazo y ánimo con la Casa de Zitas. Por muchos borregos que te encuentres en el ciberespacio.

columna said...

Pasaré a anotarla en la lista de deseados.
Besos, tete.

estrellaesol said...

Terminé Kafka a la orilla el mes pasado. Tambien me gusta este autor un monton.
saudos ziteros

Sara Fedrika said...

Me ha gustado recordar Tokio blues con tu reseña. En mi caso leí primero Kafka en la orilla, así que luego Tokio blues me pareció algo más insípido, aunque muy bueno de todas las maneras. Es cierto que los personajes de Murakami están bastante desarraigados y por eso a mí se me hacen conocidos y cercanos, porque les ves el "alma". Siempre me sentí atraída por ese tipo de personajes cuyos máximos representantes encuentro sobre todo en la novela negra americana del siglo veinte, como el fantástico sheriff que creó Jim Thompson en "1280 almas", el Arturo Bandini de "Camino de Los Ángeles" de Joe Fante,o cualquiera de los participantes del concurso de baile creado por Horace MacCoy en ¿Acoso no matan a los caballos?

Ya somos muchos los adictos a Murakami. Bienvenido al club.

Manolo said...

Que curioso Sara, Hace unos meses terminé 1.280 almas. Me lo recomendaron y la verdad es que me quedé boquiabierto con el personaje del sheriff. Creo habérsela recomendado a Luis.

Un saludo

ferroviario pinelli said...

Envidia te tengo, de cómo devoras libros,
Tomo buena nota de tus lecturas para seleccionar las mías,
Cuando lea alguna te diré si coincidimos.

Saludos campeon.

mi nombre es alma said...

Leí creo que por el año 95 "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo". Creo que si algo destaca de Murakami es que es un estupendo escritor de relatos, cortos o largos.

Estupenda crónica y crítica

pacopeco said...

Hola Luis, joder como desmenuzas los libros. Desconozco a Murakami.
Me pondré con el.
Saludos figura.

LUIS ROSER RODRIGUEZ said...

Un saludo y gracias a todos

ELENA said...

Comentamos este libro hace tiempo, ¿recuerdas?...sabía que te iba a gustar.

Ahora estoy con Afther dark.

Nos vemos
Elena

Francisco Machuca said...

Es un escritor fascinante y alejado de la literatura común japonesa.Él es surrealista,kafkiano y muy europeo-americanizante,es decir,global.En su país no se le tiene buena consideración por romper con los susodichos tópicos de la literatura japonesa,y claro,el autor es un superventas,porque la mayoría de los lectores podemos reconocernos en sus historias.
Excelente reseña,amigo Luis.

Un abrazo.

paulafigols said...

Hola, buscando referencias de “Tokio Blues” en internet he llegado hasta aquí. Acabo de leer la novela y comparto el entusiasmo de esta reseña. Yo sigo flotando con los personajes y su atmósfera. Seguiré más recomendaciones de este blog. Un saludo.

Anonymous said...

Lo estoy leyendo y me está gustando mucho, quizá por el momento personal que me está tocando vivir.
Por cierto, sin desmerecer la obra en su conjunto, ¿no hay en un momento en que dice "me puse a escuchar un viejo CD de Miles Davis"; cuando la acción transcurre en 1969? Recordemos que los CD's son de segunda mitad de los años ochenta. Me parece haber encontrado otro anacronismo mas, pero no me viene ahora a la mente.

Por otro lado, para mi, sin ser un experto, las referencias musicales y jazzisticas en concreto son muy de manual y suenan mucho a lista hecha a posteriori, cuando todo es historia. Si de verdad se hubiera escrito en 1969, sin la criba del tiempo, no sería tan fácil ver la importancia histórica de cada músico. Digo, yo, vamos.
Pero el libro está muy bien.