Monday, January 15, 2007
Friday, January 12, 2007
PAMPLONA EXPRESS

PAMPLONA, EXPRESS
La luna llena aquí es eterna, el frío, penetrante y renovado y mirar la vista y detenerse mirando cada una de las fachadas de la plaza del castillo, una delicia. El templete de la música está parado en medio de ella, como un barco anclado en un mar de cemento y historia. El mismo suelo te guía y de golpe te deja con la esquina de la calle mercaderes y la calle Estafeta en las mismas narices y pegando la oreja a la pared aún se oyen los restos del tumulto del último encierro. El viejo puesto de castañas humeando en el frío aire de principios de enero, unos turistas que hablan mientras miran la fachada del ayuntamiento con sus cuatro banderas izadas, una chapela que viene, otra que va, otra que baja la calle, identidades paralelas, San Fermín, el río Arga, el monumento a los fueros, las cadenas, la calle mayor, tranquila, norteña, repetición de balcones, paralelismo ciudadano, reivindicaciones….
Te haces un hueco en la barra de una taberna de la estafeta y con unos vinos y unos pinchos de chistorra miras a los parroquianos que bajo la inconfundible chapela retan al tiempo, y la puerta se abre y se cierra y miras la mesa de a al lado donde una señorita con pinta de secretaria de dirección foránea y gestos contenidos intenta explicarle en un inglés fluido el transito diario de la ciudad a un japonés con traje y corbata negro con pintas a su vez de directivo de paso en la ciudad por asuntos de negocios mientras este mira al trasluz la copa de vino que tiene en la mano.
Y cuando salimos por la puerta del local, colocándome los guantes y subiéndome el cuello de la chaqueta, veo que las chapelas ya se han retirado y me cruzo por un momento con la mirada del japonés que ha terminado su copa y me sonríe.
Parece ser que Pamplona le ha gustado.
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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Sunday, January 07, 2007
EJERCICIO LITERARIO

Ejercicio literario, partiendo de una idea concreta y determinada, situándola en un contexto hipotético y jugando con las obsesiones, el miedo y la negación del cambio.
La mujer de negro, el día que comenzó nuestra historia, no vestía de negro totalmente, llevaba días pensándolo y el primer lunes de enero se fue de rebajas.
Anduvo por el centro, sola, consigo misma, pero algo comenzaba a cambiar, al final se decidió por un jersey de lana cardada en un tono gris claro, también se compro unos zapatos marrones y un cinturón de piel de color negro.
Ese día desayunó rápido sin prestar apenas atención a las tostadas, se dejó medio zumo y salió corriendo del piso con el bolso negro en una mano y unas carpetas azules llenas de exámenes corregidos en la otra.
Mientras bajaba al garaje en el ascensor nuevo y de color rojo que hacía apenas 2 meses habían instalado pensó en como llegar antes a su destino, el día anterior había habido un tremendo reventón en una avenida del centro y ahora estaba cortada.
En estos pensamientos estaba mientras conducía y miraba el cristal que poco a poco se iba empañando, cuando el semáforo se puso rojo y entonces prestó atención a lo que decía la radio, llevábamos 2 semanas con la nueva moneda, el euro y en su emisora preferida estaban entrevistando a la gente por la calle de la capital de el país, unos decían que era bueno para la competitividad del país, otro que el kg de pollo estaba por la nubes, otros que no se aclaraban con los céntimos.
Verde, cogió la avenida de la derecha tomando una trayectoria paralela a la avenida cortada por el reventón del día anterior.
La mujer del jersey gris, la llamaremos así por que después de un año su vida ya no era tan negra, había decidido al cumplirse la fecha ya citada antes del accidente hacer unos pequeños cambios en su vida, este era por insignificante que parezca el primero de ellos.
Si tenía suerte no tendría que hacer demasiada cola y en unos 20 m habría acabado el tramite y tendría en su mano su nuevo dni, así podría llegar con tiempo al colegio para no tener que pedir disculpas por llegar con retraso al claustro.
Al llegar al final de la calle un policía le hizo el gesto con la mano de que se detuviese, al momento se detuvieron varios coches detrás de ella, al fondo se veía un coche azul, quizás un ford fiesta, estaba parado con las puertas abiertas y un fuerte golpe en el lateral trasero.
La mujer del jersey gris se quedó mirando fijamente el coche de color azul hasta que el fuerte sonido de la sirena de una ambulancia la sacó de aquel extraño estado, pasaron unos segundos y sacaron del coche a un hombre de mediana edad con las manos en la cara ensangrentada, la cual se tapaba.
Con mucho cuidado tendieron al hombre en la camilla, le ajustaron las correas de seguridad y ya no pudo ver más por que poco a poco un montón de curiosos se agolparon delante del coche azul tapándole la escena.
El policía enérgicamente le indicó que pasase, solo por un instante, apenas un segundo vio el coche azul, roto, golpeado, con las puertas abiertas y un ramo de flores tirado encima del asiento del acompañante.
En aquel momento no supo muy bien el porqué pero hubo algo en aquella escena que apenas contemplaría unos segundos que indicaba premonitoriamente que todavía el mundo podía cambiar algo. Aunque ella todavía no lo sabía y aún sea pronto en nuestro relato para hablar de ello.
La mujer del jersey gris se sintió mal, apenada, confusa, realmente no sabríamos muy bien como explicarlo, por eso decidió ir al día siguiente a recoger su nuevo documento y decidió parar en un bar cerca del colegio a tomar un café cargado, era la primera vez que entraba a aquel bar, aunque lo veía desde hacía años camino del colegio.
Se sentó en una silla y apoyó sus brazos, su bolso, y la taza de café en una mesa de color verde.
El café le supo amargo, aún habiéndole echado dos azucarillos, y no pudo dejar de pensar en la imagen de aquel hombre de camisa blanca tapándose la cara ensangrentada.
Llegó puntual al claustro, informó al director del buen resultado general de los exámenes, la profesora de inglés dijo que necesitaba una semana más de tiempo para acabar el temario y el joven profesor de física y química propuso comprar un nuevo juego de pesas y balanza, ella los escuchó a todos, tomó algún apunte en su vieja agenda de piel color crema, pero por momentos, a intervalos volvió a ver varias veces la imagen del hombre saliendo del coche azul. Cuando acabaron pensó que lo mejor sería olvidarlo, quizá con otro café de la maquina que tenían en el salón del claustro, quizá ahora estaría llegando su mujer a el hospital, al fin y al cabo salió andando por su propio pie y no parecía que fuera de unos rasguños tuviese nada serio.
Antes de olvidarse pensó dos únicas cosas que no sabía darle respuesta dentro de sus obtusas conjeturas, la primera era el por qué aquel hombre se tapaba de aquella forma la cara y la segunda aquel ramo de flores, quizás rosas según le pareció en aquel momento.
Se tomó el café y se dirigió hacia el aula 3 donde tenía que dar su primera clase de aquel día.
El resto del día no merece la pena relatarlo, no por que el tiempo de esta mujer no tenga ningún valor, sino por que la sutil dictadura de la rutina se ocupó de que ese resto de tiempo hasta que por la noche a las 8 y 5 minutos de la tarde abrió la puerta de su apartamento simplemente no tuviese ninguna trascendencia, ( o también podríamos decir ninguna relevancia para relatar estos acontecimientos). Al encender la luz del pasillo tuvo que dejar en el suelo las tres bolsas de papel marrón con la compra que acababa de hacer en el supermercado de la mujer pelirroja con el tatuaje borroso en el antebrazo. Cogió el gato que veloz como un rayo había venido a su encuentro con la cola levantada como una espada. Le acarició la cabeza y se detuvo en escuchar el peculiar ronroneo de su gato y por un momento recordó su niñez, en la casa de sus padres, a las afueras de la ciudad, cuando la ciudad todavía no era tan ciudad y vivían en una casa pintada de blanco con un húmedo patio trasero lleno de cachivaches de su padre y de gatos de todos los tamaños y colores que bajaban a comer las sobras de la comida que siempre les guardaba su madre. Pasó en dirección a su cuarto y fugazmente se vio reflejada en el espejo y en una turbadora evidencia apartó la mirada y la posó un instante en el retrato de su marido que había sobre el viejo mueble caoba.
Se quitó los zapatos y se cambió de ropa poniéndose un pijama y una bata de color crudo encima.
Al llegar a la cocina le estaba esperando el gato en la misma actitud que solía tener cuando tenía vacío su comedero. Como esa noche no tenía ganas de cocinar decidió hacerse una pequeña ensalada y un sándwich, cenaría sentada en el sofá viendo la tele.
Antes, apenas lo había hecho en contadas ocasiones. Últimamente y cada vez con mayor frecuencia se estaba convirtiendo en lago muy habitual, mirando la bandeja pensó en las recomendaciones de su médico indicándole que comiese más carne roja y verduras ricas en hierro para acabar con su anemia. En una oscura y primitiva asociación pensó unos segundos en su madre.
Aún nos detendremos unos momentos ante esta hogareña escena de la mujer sentada en el sofá mirando la televisión, comió despacio, no con desgana, pero sí con una especial falta de pasión en lo que comía cuando apareció en el telediario, ( al cual apenas había prestado atención hasta entonces) unas imágenes en una de las entradas de la ciudad, entre un automóvil y lo que parecía un autobús, cogió el mando y subió el volumen, prestó atención a todo lo que el locutor decía, a pesar de lo aparatoso del mismo y del estado en el que habían quedado los vehículos implicados no habían víctimas, se sintió aliviada y de pronto sintió como se le erizaban el vello de los brazos y como en su nuca, justo donde comienza el nacimiento del cabello notaba lo que en aquel momento pensaba que era un susurro.
Esa noche dejó entrar al gato a su habitación y dormir en su cama, no era algo que acostumbrase hacer, pero esa noche se sentía muy sola. Le costaba dormir e intentó pensar en los exámenes, en la excursión al museo paleontológico, en su madre rehusó hacerlo, de hecho sabía como, había un secreto mecanismo que no desvelaremos que la libraba de pensar en ello y no ponerse triste.
Volvió a ver la escena de aquel hombre tapándose la cara ensangrentada saliendo del coche azul, también volvió a visualizar el gesto del policía indicándole que se detuviera,
un gesto impersonal, disciplinado e impregnado de una visible indiferencia. Con respecto a las flores que vio sobre el asiento contiguo al conductor no supo por mucho que lo intentara decidirse sobre el tipo, ni tan siquiera el color de las flores, aunque por un momento hubiese estado casi segura de que eran rosas. Le dijo buenas noches al gato que cómodamente se había recostado a su lado y apagó la luz.
Esa noche durmió como hacía tiempo que no lo hacía, plácidamente y en paz absoluta y habiendo olvidado por completo el pequeño frasco de cristal lleno de unas cápsulas rojas y cilíndricas que estaba dentro del primer cajón de la mesilla de la izquierda.
Extrañamente se levantó con una vitalidad inusual en ella, era viernes y después de la jornada de trabajo, tendría todo un fin de semana para ella sola. Desayunó con la gata entre las piernas, no pensó en poner la televisión como hacía cada mañana y entre sorbo y sorbo del café con leche sin azúcar volvió a ver las imágenes del intrigante accidente del día anterior y de repente como el que decide esa misma tarde hacer un flan de postre para el día siguiente decidió que compraría el periódico a ver si decían algo.
De alguna manera como cada uno de nosotros somos dueños de nuestro propio tiempo, así como de nuestras propias circunstancias, deseadas o no, se podría decir que la relevancia y la importancia del mismo, siempre dependerá de nosotros. A veces lo ocupamos en pequeñas cosas, realmente importantes, pero la ausencia de perspectiva unas veces y la ausencia del propio y verdadero sentido del mismo nos hacen menospreciarlo.
La mujer que empezó de negro nuestro relato solía unir su sentido del tiempo a la felicidad, la tristeza, la tranquilidad, el deseo, la ansiedad…Así es como a veces pensaba que ya había perdido demasiado tiempo en el último año y no por haberlo perdido literalmente, ni tan siquiera nunca lo había olvidado, simplemente se daba cuenta de que verdaderamente no lo había utilizado, solo lo había dejado pasar a su lado en una trayectoria circular, siempre alrededor de ella misma.
La ciudad en la que vivía no era demasiado grande, exactamente la quinta del país y normalmente la prensa local siempre ávida de rellenar sus diarios se solía hacer eco de casi cualquier incidente y altercado que ocurriese. Así pues después de sacar el coche del garaje y dirigirse al colegio compro el periódico más importante de la ciudad esperando encontrar la noticia.
El quiosquero la saludó amigablemente y intentó entablar con ella una amigable conversación acerca de los nuevos coleccionables que le habían llegado, ella los miró y paso su vista por unos pequeños platos de porcelana, las primeras piezas de cartón de unos tanques de guerra y el primer vagón de una locomotora de color verde oscuro, en un tono cordial le dio escuetamente las gracias, pagó su periódico y se encaminó al colegio que se encontraba exactamente enfrente del quiosco.
Ese día acababa antes que de costumbre, pero a cambio le tocaban dos horas de tutoría. Sobre las once menos cuarto sonó la campana como de costumbre, aunque desde hacía una semana el centro había instalado una campana digital para los avisos y todavía no se había acostumbrado al nuevo tono, más estridente y metálico si cabía que el anterior.
Aprovechó esos 20 minutos para apoyarse en un pupitre frente a las ventanas que daban al patio y dejarse acariciar las piernas por el tímido sol de comienzos de octubre.
Sacó del bolso una manzana y el periódico que cuidadosamente había doblado, perezosamente frotó la manzana contra la manga de su jersey mientras con la otra mano abría el periódico.
El reventón del centro y los atascos que había provocado, el alcalde inauguraba sea misma tarde un nuevo parque en una de las zonas nuevas y de expansión de la ciudad, otra encuesta a pie de calle sobre la implantación de la nueva moneda, un estudio hecho por la universidad decía que los habitantes de la ciudad éramos los segundos que más horas dormíamos de todo el país. Echó una mirada al patio y siguió pasando hojas del periódico, un concejal del ayuntamiento estaba siendo investigado por unas facturas falsas. Torció el gesto. Anuncios de una próxima feria del automóvil, más anuncios exposiciones, conciertos, la cartelera, pasó las páginas de los contactos la programación televisiva y se encontró con el reverso del periódico. Un agricultor sonriente y con cara de bonachón enseñaba una calabaza gigante que pesaba más de 25 kilos bajo un titular de color rojo que decía ¡ LÁSTIMA ¡, por solo dos kilos no podrá entrar en el record guinnes, miró el corazón oxidado de la manzana que llevaba en la mano y se fue hacía la papelera para tirar el periódico, pero en el último momento, en un acto casi mecánico se volvió a la mesa dobló el periódico y lo volvió a meter en el bolso.
Esta vez si que consiguió olvidarse por completo del asunto de nuestro relato, dio su última clase y entró a la una en punto en el aula número seis, pintada de azul a dejar pasar las dos horas de tediosa tutoría que la esperaban.
COMENTARIO Y REFLEXIONES ACERCA DE LA TUTORÍA
Comió algo rápido en una cafetería del centro rodeada de una multitud de hombres jóvenes en su mayoría vestidos con traje y corbata desajustada junto con alguna secretaría y administrativa, todos ellos con el ajetreo y la compostura de saber que ya no tenían que volver a las oficinas del cercano parque empresarial hasta el próximo lunes.
El domingo había invitado a su hija y al marido de esta a comer por lo qué se dirigió al supermercado a comprar todo lo que necesitaba para hacer los canelones.
De pequeña su madre le decía cada vez que hacía canelones que en uno de ellos estaba la sorpresa y que tenía que encontrarla, como cada domingo se sentaba a la mesa con la mirada puesta en el plato humeante, su madre sabía que le gustaba mucho el queso, por eso su plato era el que más tenía, entonces ya con el tenedor en una mano solo cabía esperar la mirada aprobadora de su padre.
En esto pensaba mientras se dirigía con el carro de la compra hacía el armario frigorífico de color rojo donde estaba todo aquello que necesitaba. Por un momento pensó si debería de ponerle una sorpresa a uno de ellos y por un instante sus labios se curvaron en una feliz sonrisa. Llegó a casa a las siete con las piernas cansadas ordenó la compra y metió cuidadosamente cada una de las cosas en el frigorífico y en los armarios de la cocina.
Ese día se sentía extrañamente feliz y decimos extrañamente feliz por que para ella la felicidad era un estado ajeno y alejado e su vida desde hacía algún tiempo, es por este motivo y por algún otro que solo sabía ella por lo que decidió, regalarse un baño de espuma, hacía ya mucho tiempo que no lo hacía, en parte quizás por que la tristeza ese otro estado tan presente en nuestra protagonista le dictaba que aquello era una especie de excéntrico lujo no apto para seres perdidos y sin rumbo como estaba ella.
Abrió el grifo y se aseguró de que la mezcla de agua caliente y fría tuviese una temperatura exacta, ni muy caliente, pero no del todo templada, después sacó del armario y delicado frasco de cristal tallado con sales de colores que al mirarlas sobre la palma de su mano dentelleaban con unos reflejos que iban del azul al rosa pálido pasan do por cada una de sus fragmentaciones y porcentajes de color, también hecho un chorrito de esencia de eucalipto de una pequeña botella que tenía como decoración encima del lavabo.
Se quitó el albornoz y lo dejó caer al suelo, con una toalla limpió el espejo del vaho y se miró durante unos segundos.
Se vio un poco más mayor, pero no de edad, si no de algo mucho más ajeno e imperceptible, todavía a sus 51 años conservaba un bonito cuerpo, una piel blanca, tersa y luminosa como la de su madre, los pechos, simétricos, todavía aparecían en casi todo su esplendor, ligeramente inclinados pero con todavía una blanca y tersa palidez, bajó la vista hacía el vientre casi liso, apenas una ligera curva incipiente asomaba a la altura de un pequeño y huidizo ombligo. Aparó la vista, llevaba tiempo negándose a si misma que todavía su centro vital tenía vida propia, circulación, capacidad de estremecimiento.
Tuvo que permanecer casi un momento de pie y después ir bajando poco a poco hasta sumergirse por completo en el agua, había calculado mal y el agua estaba demasiado caliente por lo que la piel al momento se le puso de una tonalidad leve y pálidamente rojiza, y en este estado nuestra protagonista se durmió no sabemos si por uno o varios minutos.
Ahora estaba sentada en un banco juntando los talones y mirándose los pies desnudos y huesudos, se oían voces de niños gritando, tal vez jugando y a lo lejos se oían los sonidos de las gaviotas, se sentía bien, verdaderamente bien, no había cansancio, ni pesar, ni sueño y mucho menos miedo, solo había paz, un halo invisible de bienestar recorría aquel espacio, haciéndolo único, definitivo, inmortal.
Tuvo que ponerse la mano a la altura de los ojos para distinguir algo entre tanta claridad, no veía el cielo y tampoco veía los límites o cualquier otro contorno, solo había luz, un espacio indefinido gobernado por una claridad lechosa, sin límites, sin fronteras, y de repente el humo, los cristales rotos, los golpes en las puertas, el sonido de una sirena, primero en una forma lejana, impredecible, después un estruendo y la presión del cinturón a la altura del pecho y giras con dolor el cuello y lo ves desmadejado, informe, escenificando el último asalto con la posición perfecta en el imaginario de Francis Bacon, y la lluvia, la pegajosa y persistente lluvia, que lo inunda todo, invasora, como la niebla sucia de los puertos.
Abrió los ojos y se despertó accionada por un oculto e íntimo interruptor, tenía la frente cubierta de sudor, un sudor rancio y antiguo hecho de las mismas gotas del día que se rompió todo.
Quitó el tapón de la bañera con una mano veloz y decidida y esperó que poco a poco se vaciase dejándola mojada y desprotegida ante sus pensamientos y sintió frío, pero todavía quiso permanecer un momento, sola, inmóvil, atada a la misma lluvia, al mismo agujero cavernoso que en forma de traición le preparaba su débil subconsciente.
Sacó del congelador unos filetes y algo de pescado y cenó casi lo mismo que el día anterior a diferencia de que esta vez el sándwich se lo hizo con una pequeña tortilla a la francesa que no se pegó a la sartén y salió con una forma ovalada perfecta. Volvió a comer despacio pero esta vez aplicando ese sentido del tiempo solemne y reposado que le solía aparecer los viernes a mitad de tarde, ante la perspectiva de no tener que volver hasta el lunes al trabajo. Había dejado doblado el periódico delante de ella sobre la mesilla cargada de libros de historia, hizo un pequeño gesto con intención de cogerlo adelantando el brazo derecho y abriendo ligeramente la mano, pero la detuvieron unas imágenes de el documental que estaba viendo en la televisión, en el programa se hablaba sobre el apareamiento y desove de el salmón en su hábitat natural, los cristalinos ríos de montaña, se quedó mirando aquel plano fijo de la parte inferior del salmón, grabada desde el fondo del río, escupiendo por una especie de conducto tubular con una presión inesperada, cientos, quizás, miles de pequeños y circulares huevos transparentes, brillantes e inocuos en una confusión de burbujas por la corriente del río, junto con pequeñas motas y partículas de arena.
Pensó en aquello como una catarsis iniciática a alguna nueva dimensión, una eyaculación primitiva, como la creación de un nuevo cosmos, sin ninguna referencia anterior.
El salmón había permanecido quieto e inmóvil mientras duró la expulsión. Cuando acabó en un ligero movimiento serpenteante salió corriendo y desapareció. Los huevos se habían ido esparciendo por la corriente en grupos pegados unos a los otros como complicadas estructuras moleculares emitiendo unos brillos nacarados, irreales en su propia belleza.
Volvió a hojear el periódico, esta vez guiando los titulares con un grueso rotulador rojo, por si encontraba algo y marcarlo. Nada, no aparecía, lo volvió a doblar por la mitad por la cara que aparecía aquel hombre con la calabaza gigante. Se le ocurrió que quizás habría salido publicado en los otros tres periódicos que se publicaban en la cuidad, aunque sobre todo dos de ellos tenían mucha menos tirada, y en una asociación de ideas
Lógica y práctica al mismo tiempo, pensó en el hombre del quiosco que estaba en la misma calle del colegio, lo conocía desde hacía años, muchos días le había encargado algún libro, otros le había comprado alguna revista de cotilleo o el periódico.
Pensó en su nombre y se dio cuenta de que no lo sabía, o quizás no había querido saberlo, él en cambio si que sabía el suyo habiéndola llamado por el varias veces, en cambio recordaba otros detalles como su estatura, su barba oscura, algo canosa por la barbilla y que ninguna de sus dos grandes manos llevaban anillo alguno, y que era un hombre atractivo y de una edad en cierto modo indefinida, a la vez que cercana a la que ella misma tenía.
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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Thursday, December 21, 2006
LA METAMORFOSIS
LA METAMORFOSIS Franz Kafka.
“ Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto “
Este es el comienzo de LA METAMORFOSIS de Franz Kafka. Hablar de esta corta pero muy intensa novela no es fácil, y no lo es por muchos motivos y conexiones, con su autor, con su época etc.
Intentaré hacer un breve resumen de la misma y arrojar alguna pequeña luz sobre los muchos interrogantes que presenta.
Muchas veces al comentar esta novela entre amigos, hemos dicho que realmente trata sobre la soledad del hombre, sobre el egoísmo innato o la discriminación más primitiva.
Realmente todo lo dicho anteriormente es cierto, aparte de muchas otras cosas por eso realmente es fácil hacerse preguntas como, ¿quién es Gregorio Samsa?, ¿a quien representa? ¿Es solo un personaje de ficción?
Gregorio Samsa es un viajante de comercio que un día cualquiera después de un sueño intranquilo se despierta convertido en un horroroso y despreciable insecto. Totalmente deshumanizado físicamente con un enorme caparazón por espalda, varias patas más de las necesarias e incluso antenas, intenta poner orden en la situación intentando olvidarse y pensando que todo ha sido un mal sueño. No lo ha sido no solo lo notará al intentar levantarse, que no podrá hacerlo sino tirarse de la cama, sino que su voz también cambiará a una tonalidad totalmente animal.
Fuera de su habitación esperan su madre, su padre y su hermana, extrañados ante el he echo de que Gregorio no se haya levantado a desayunar, y coger el tren para trabajar como cada día.
Cabe decir que el padre de Gregorio adquirió una importante deuda con el dueño de las oficinas donde trabaja su hijo, por lo que este debe trabajar para pagarla y para sacar a toda la familia adelante.
Mientras Gregorio ve que su situación no cambia y comienza a tomar conciencia de ella sus familiares se desesperarán y llegará al piso su superior para reclamarlo en el trabajo, Gregorio se siente reconfortado al ver que está fuera su familia, sobre todo le reconforta la voz de su madre, la de su padre le intranquiliza. Al final haciendo un gran esfuerzo con las mandíbulas abrirá la puerta y se quedará detrás de ella. Uno por uno entrarán, primero su superior que huirá de la casa horrorizado, después el padre que saldrá llorando y después la madre que se desvanecerá de la impresión.
A partir de aquí la existencia de Gregorio se verá reducida a la exclusión, el rechazo y hasta el olvido y la aceptación de su propia realidad.
El dilema se presenta en que en todo momento Gregorio piensa en su familia, en su sufrimiento, en las consecuencias de su realidad para todos ellos. En cambio su familia acepta su nueva condición y aceptan también la suya, aislando el problema e ignorándolo.
Gregorio tomará por costumbre estar atento a las conversaciones de su familia cuando se sientan en torno a la mesa, será su único contacto con el exterior.
La criada de la casa pedirá que la despidan y prometerá no decir nada de lo que ocurre, la familia cuenta con ahorros para tirar 2 años, así que tendrán que buscar trabajo. En ningún momento se preguntarán por los motivos de la desgracia de su hijo.
Poco a poco Gregorio irá perdiendo la vista.
La hermana será la encargada de entrarle la comida, comida para animales, que es lo que es, siempre a las horas que duermen o están fuera para así evitar escucharlo comer como un rumiante.
Una de las últimas medidas que decidirán la madre y la hermana será vaciar la habitación de muebles para que así se pasee mejor por paredes y techo.
Aquí la madre tendrá su único ápice de razón y análisis de la historia al decirle a la hija que si sacan los muebles le quitarán el único hilo conector que le queda con su antigua vida. Al final vaciarán la habitación.
El padre ve a Gregorio como una amenaza, como un intruso, un extraño y ni entiende ni admite sus pocos intentos por hacerse oír. En uno de estos intentos de Gregorio por acercarse a su hermana el padre lo hará entrar en la habitación tirándole manzanas con tal fuerza que una de ellas se le incrustará y permanecerá en su caparazón hasta el fin de sus días.
Al final morirá solo una madrugada mientras se oyen las campanas de la iglesia.
En definitiva esta es la historia de una persona que se ve tan despreciable como el insecto en el que se ha convertido, incapaz de reaccionar hacia su realidad, desprovisto de afecto, de todo referente, acabará convertido en lo que es, para él y para los demásun deshecho inservible, tomando el insecto como la propia metáfora de su vida
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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8:28 AM
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Monday, December 18, 2006
POEMARIO - IMAGINARIO. Por mi aniversario.

He ido marcando cruces en tu frente
He ido andando descalzo, mirándote.
He visto caer las hojas cada otoño.
Hoy me acurruco desnudo,
en el mismo vértice
donde empezó todo.
He ido marcando cruces en tu frente
para hacerte entender que te quiero.
Ni el peso de un océano de acero
rompería las curvas de mi espalda.
He ido marcando cruces en tu frente.
Ahora tirito de fría soledad
vente, y acércate a nuestro vértice
y cúbreme con nuestra vieja manta
la misma que usamos desde hace mil años
la misma de siempre...
pero distinta.
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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Thursday, December 14, 2006
LO QUE QUEDA EN LA MEMORIA COLECTIVA

Aquel año, el día que entraba el otoño llegó con la noticia de la prematura muerte de un amigo, un inesperado y siempre certero ataque al corazón, ese día tuve las manos extrañamente frías y ásperas. Uno de esos amigos de la infancia a los que el tiempo y la vida se encargo de poner distancias, barreras invisibles forradas de olvido, círculos de humo que se diluyen en el aire.
Ese día me di cuenta de lo frágil de nuestra existencia, yo contaba 30 años, él 31.Él fué un niño alto y esmirriado de pelo recio y crisposo, algo rizado, su cara era seria, socarrona en algunos momentos, por lo que siempre cargó con con ese lastre de chico imprevisible y audaz.Estudioso, tenaz e inteligente, siempre estuvo preocupado por su formación y su futuro. De pequeño habíamos jugado a juegos perdidos de niños, muchas mañanas de reyes vi sus juguetes apenas estrenados, brillantes, con las articulaciones todavía duras, tenía unos tíos adinerados que siempre le compraron los últimos modelos del scalestric, los primeros coches teledirigidos con aparatosos mandos, ahora me acuerdo que él siempre me dejó jugar con ellos.
No fue mi mejor amigo, tampoco el peor, cuando eres pequeño lo de elegir a tu mejor amigo es algo relativo y luego cuando te haces mayor es simplemente más dificil. Pero fue de esos que dejan huella, a los niños les cuesta poco ser nobles, una cualidad si así se la puede llamar intensamente ligada a la inocencia, pero en él era algo innato, espontáneo y evidente, y por lo tanto algo que perdura en la memoria colectiva.
Me llamó una amiga esa mañana, una que me queda del pueblo donde nací, la única que ha ido haciendo círculos de humo que no se ha llevado el aire.Impresionada y conmocionada por la noticia, me dijo que no era justo, ¿ y quién sabe lo que es justo? le dije yo.A mi amigo en la adolescencia le perdí la pista, como a muchos otros y otras, los estudios, después las carreras y después el rompecabezas de la vida de cada uno de nosotros, alguna vez que fui por el pueblo siempre me comentaban que estaba trabajando en América y viajando por medio mundo, también él volvió poco al pueblo, nuestro pueblo, era un ser concebido en él, pero alimentado por un cordón umbilical que venía de fuera, de muy lejos, de barrios residenciales del extrarradio de Chicago, de internados de piedra gris del norte de Londres, de los centros de negocios llenos de pantallas de plasma con gráficos verdes chillones de Tokio o Singapur.
Aquel día por la tarde había quedado con un amigo en acompañarlo a ver una exposición de pintura que había en una pequeña galería del centro de la ciudad, a mi se me quitaron las ganas, fui por acompañarlo a el, a mi amigo quiero decir, el vivo, por que en este relato tristemente tenemos que hablar de muertos y de vivos.Al final también fuí por quitarme de la cabeza a aquel niño que fue mi amigo de juegos y confidencias y meriendas infantiles, rápidos bocadillos de atún o de nocilla y que ahora se me presentaba como un fantasma mitad en mi conciencia, mitad en mi memoria, después de 15 años de apagón.
La exposición pasó sin pena ni gloria ante nuestra vista, o por lo menos ante la mía, insulsa, predecible, lienzos y más lienzos de color negro, los más gris oscuro, otros con manchas rojas y blancas.
Aquel primer día de otoño soplaba un viento frío y a las 8 de la tarde ya no eran las 8 del mes de julio o agosto, y al salir por la puerta, notando el aire frío que soplaba y que hacía que me notase las mejillas acartonadas, pensé en los colores negros de los lienzos de una forma triste y reposada sin saber que aquello era uno de los muchos caminos que podría recorrer, solo tenía que elegir el correcto.Ha pasado un año desde que escribí esto, Alfonso tuvo un funeral muy bonito, fueron todos, eso me contaron, hasta la vieja profesora ideal de todos nosotros y sobre todo de nuestras madres .Me contaron que fue bonito. Y lo sería, yo no bajé, hace años que me fui a vivir a otra ciudad y la realidad que llevo años creándome me agarro y no me dejo ir ese día.Hace 2 días cruzaba un puente sobre un río de aguas barrosas que sin el saberlo dormido en su apacible rutina, es el protagonita de absurdas polémicas entre semejantes a los que lo cruzan cada día por el mismo puente por donde yo pasaba, cuando me sonó el teléfono móvil, era mi amiga, la misma que me llamó el año pasado. Estaba contenta, va a ser madre y quería compartirlo conmigo.
Cada día sale el sol y se pone, llueve o hace aire, la gente coge taxis, miran las ofertas cuando van al super, lloran el silencio, nacen niñas en los hospitales y las flores se acaban marchitando y los pájaros vuelan y hacen sus nidos y crían y los ríos bajan con sus aguas limpias, únicas en su especie como una fórmula matemática que nos diese como resultado el infinito.Como el ancho e interminable mar, infinito, inalcanzable, eternamente perdurable.
Como eso mismo de lo que hemos hablado antes que siempre queda en la memoria colectiva.
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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Monday, December 11, 2006
Carta del escritor Mario Benedetti por la muerte del dictador Pinochet.
Muchos escritores, poetas, artistas, dramaturgos etc han sido perseguidos por tener ideas y la capacidad de transmitirlas, muchos fueron exiliados de sus paises, otros simplemente torturados y asesinados.
Por todos ellos.
Pocos nombres condensan el horror y la desvergüenza con la eficacia con que lo hace el de Augusto Pinochet, el general golpista y luego dictador despótico y corrupto muerto ayer en el Hospital Militar de Santiago de Chile a los 91 años, tras permanecer durante una semana afectado de un infarto y un edema pulmonar. Recientemente, con motivo de su último cumpleaños, tuvo un postrer rasgo de humor negro al difundir un escrito que leyó su esposa en el que, sintiéndose "cerca del final", manifestaba que no guardaba "rencor a nadie". No pedía perdón a los hijos que había convertido en huérfanos, ni a los compatriotas a los que había robado, sino que les decía que no les guardaba resentimiento. Su hijo menor atribuyó esta última enfermedad que le ha llevado a la tumba a la "presión judicial" y "persecución" de que estaba siendo objeto. Pinochet, que gobernó entre 1973 y 1990, tendrá un funeral sin honores de ex jefe de Estado y sólo como ex comandante de las Fuerzas Armadas chilenas, sin la asistencia de la presidenta Bachelet, que sufrió detención y tortura bajo su férula y cuyo padre, militar, fue asesinado por los golpistas.
Tenía múltiples causas abiertas, en efecto, aunque había conseguido con tretas no muy bizarras (fingiendo enfermedades, o exagerando sus efectos) evitar sentarse en el banquillo. Los crímenes de los que se le acusaba -asesinatos de disidentes en la llamada caravana de la muerte, torturas y desapariciones, secuestros de la Operación Cóndor, entre otros- suponen gravísimos atentados contra los derechos humanos; mucho más graves que los de corrupción que han aflorado recientemente. Sin embargo, son estos últimos -de hurto, malversación y tributarios, relacionados con depósitos de millones de dólares en cuentas secretas de bancos extranjeros- los que iluminan definitivamente la calaña del personaje que el pasado 26 de noviembre confesaba amar a su patria "por encima de todo".
Su muerte le libra de ser condenado por los tribunales, pero es de justicia recordar que ya se había quebrado el círculo de inmunidad (que impedía procesarle) construido a su medida como senador vitalicio; y que en ello jugó un importante papel la Audiencia Nacional de España al tramitar en 1989 una petición del juez Garzón de detención y extradición por terrorismo, genocidio y torturas. La petición no prosperó y, tras más de 500 días de retención en Londres, el ex dictador pudo regresar a Chile. Pero levantada la inmunidad ante delitos de jurisdicción universal y que por su propia naturaleza no tienen fecha de caducidad, otras demandas y querellas, algunas instadas desde otros países, han ido abriéndose camino frente a sus artimañas. Se han sucedido así sumarios sobre violaciones de derechos humanos y también sobre delitos económicos.
Todavía en octubre pasado, la Corte Suprema de Chile accedía a que Garzón interrogara a Pinochet y su esposa sobre movimientos financieros de la pareja que podrían ir dirigidos a eludir el embargo de bienes para indemnizaciones a las víctimas. Con su desaparición, Chile, consolidada hoy su democracia, pone fin a la pesadilla del pasado y cierra definitivamente el capítulo más cruel y siniestro de su historia reciente.
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Friday, December 08, 2006
ÚLTIMAS TARDES CON TERESA

Magnífica novela de Juan Marsé escrita en el año 1966 y plenamente actual hoy en día, tanto en su forma como en su fondo. Últimas tardes con Teresa, tiene todos los componentes que hacen de una novela una obra maestra, el perfecto dominio de los tiempos, brisas de romanticismo que contrastan claramente con las connotaciones trágicas que no dejan de percibirse a lo largo de toda la novela. Marsé recrea un retrato en blanco y negro de la Barcelona de posguerra, una ciudad afilada, desafiante, desgarrada, con sus contrastes marcados a flor de piel, de la opulencia a la carencia, del afecto al olvido….
En definitiva una historia que no dejará indiferente a nadie, ya por la calidad y complejidad de los personajes, así como el detallista retrato de todo lo que los rodea.
Esta es una de esas novelas que el que la ha leído, no la puede olvidar, se queda de alguna forma como materia residual del inconsciente. A mi parecer esta novela guarda una bella similitud, con otra donde la belleza y la tragedia de funden sórdidamente, y es NADA, de Carmen Laforet, novela de la próximamente hablaremos.
La novela cuenta principalmente la historia de unos protagonistas marcados desde el primer momento por sus propias circunstancias. Manolo, “el pijoaparte “, como así es llamado por el autor, es un charnego venido desde Málaga buscando un futuro mejor.
Teresa es una muchacha de 18 años rubia, guapa, con una piel dorada por los rayos del sol junto a la piscina de sus padres, en la torre que estos poseen en la playa.
Dos personajes en principios opuestos y completamente diferentes, que aparte de no tener nada en común se ahogan en sus propias miserias.
Manolo recorre una Barcelona romántica a la luz de las farolas en una moto robada y destartalada, así es como sobrevive, pequeños robos, chapuzas. Manolo vive con su hermano un mecánico de poca monta que se dedica a desmontar las motocicletas que roba Manolo y a venderlas en el mercado negro.
Teresa vive el sueño de la cómoda y burguesa revolución utópica. Corren aires de libertad y de cambio en una Barcelona que poco a poco va despertando del letargo nacional. Teresa estudia en la universidad y se deja atrapar por todas esas ideas que quieren cambiar el mundo, ella es la cabecilla de un grupo de amigos que entre largos tragos de whisky de malta debaten sobre su falsa revolución.
Los dos se encontrarán en un punto intermedio, Manolo conoce una noche a Maruja la criada de la casa de los Serrat, los padres de Teresa. Por supuesto se cuela en la fiesta, conoce a Maruja una jovencita sumisa y conformista que al final cae rendida ante los encantos de tan extraño seductor.
Manolo cree esa noche que en realidad Maruja es la hija de los dueños de la casa, pronto al darse cuenta de que en realidad es la criada, intentará dejarla. Pero de pronto aparece Teresa con su extraña complacencia y sus aires de modernidad.
Un día Maruja se golpea en la piscina y cae enferma, Manolo irá a visitarla con su moto y su traje ostentosamente anticuado casi cada día, así es como poco a poco el y Teresa se conocerán y acabarán dando paseos en el coche descapotable de ella y en la moto de él.
Al final Maruja morirá de un extraño mal neurológico y nuestra extraña pareja protagonista comenzarán una incestuosa relación abocada al fracaso.
Teresa querrá ir al Carmel a conocer el barrio de Manolo y quedará impresionada ante la agradable realidad social que según ella ha visto. Manolo en un principio solo ve en Teresa una oportunidad de escapar de su penosa vida, pero poco a poco se irá enamorando de Teresa, de una falsa Teresa que vive en una nube.
Teresa también caerá rendida a los pies de Manolo y se lo presentará a sus amigos intelectuales, los hijos de la burguesía catalana que leen a Proust Y Simone De Beauvoir
Y veranean en lujosas villas en la playa de Barcelona.
Teresa le prometerá a Manolo que le conseguirá un trabajo en una de las empresas de su padre y que podrán estar juntos, y así pasarán el verano, el tórrido verano Barcelonés, el uno fraguando sueños desde su barrio de chabolas desde el Carmel y Teresa disfrutando de su nueva condición todavía más si cabe contestataria y revolucionaria al estar saliendo con alguien de una posición social e intelectual inferior a la de ella.
El verano se acabará y Teresa desaparecerá posiblemente acompañada de su antiguo novio un aspirante a abogado, liberal como ella, hijo de una de las mejores familias de Barcelona, Manolo estará apunto de perecer en sus propios sueños y fracasos y tendrá que volver a su barrio de chabolas del Carmel de donde quizás no debiera de haber salido.
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Monday, December 04, 2006
ENCUENTROS LITERARIOS
La semana pasada, el jueves 29, para ser más exacto tuve la suerte de asistir a una de las conferencias que de vez en cuando da Jose Luis del Corral, novelista, historiador, profesor de historia medieval de la universidad de Zaragoza y uno de los intelectuales más activos y más comprometidos con la cultura y con la sociedad civil de Aragón.
El tema en cuestión del que se habló no fue solo uno, dadas las diferentes disciplinas en las que se involucra este escritor.
Por una parte Jose luis del Corral comentó su ya larga trayectoria literaria, sus noveles más importantes, El Cid, El salón Dorado, El número de dios… gran conocedor de la Zaragoza musulmana y mudéjar y colaborador habitual en excavaciones arqueológicas, dio sus impresiones sobre el presentísmo que algunos autores utilizan en sus obras históricas con el fin de modificar la historia a su antojo con fines partidistas
Según su opinión la historia es como es y además es demostrable. Existen archivos, manuscritos, documentos, etc. y no es lícito en la mano de nadie el cambiar algún hecho acontecido de fecha ni de lugar, o transgiversar datos o hechos concretos ocurridos.
En este sentido se refirió explícitamente al carácter manipulador y ocultista de políticos, instituciones como la iglesia y tendencias y grupos políticos, como la derecha de este país o el ex presidente del gobierno que se atreve a decir que el mundo musulmán debería de pedir perdón por los 8 siglos de ocupación que convivieron en la península ibérica.
También se refirió a la situación actual de la universidad en este país y en Aragón que sufre todavía las consecuencias del vacio que dejaron muchos intelectuales, profesores, poetas e historiadores obligados a exiliarse algunos y directamente fusilados los otros.
Si alguno de Utds se pregunta que hacen algunas de las afirmaciones anteriores en un blog dedicado al mundo literario, sería conveniente recordar que hasta no hace muchos años en este país se perseguía a las personas librepensadoras, con ideas, con sugerencias, y lo mismo ha pasado a lo largo de la historia. Basta remitirse a ella misma.
La historia nunca miente. Nosotros somos los que mentimos o decimos verdades.
Está en nuestra namo.
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Thursday, November 30, 2006
SESENTA INTELECTUALES CONTRA LA TORTURA

Sesenta intelectuales latinoamericanos, entre los que se encuentran tres premios Nobel -Gabriel García Márquez, Adolfo Pérez Esquivel y José Saramago-, no han querido callarse y apenas un mes después de la aprobación por el Congreso de Estados Unidos de la ley conocida como Military Comissions Act of 2006, han decidido firmar un breve pero contundente Manifiesto contra la tortura.
La nueva norma estadounidense permite dejar en manos de comités militares a terroristas y combatientes enemigos de EE UU, autorizando interrogatorios coercitivos que en la práctica propician la tortura de forma legal. Partiendo de la premisa de que "el silencio puede legitimar" se ha elaborado el Manifiesto contra la tortura, firmado en Monterrey el pasado día 24 y hecho público anteayer (madrugada de ayer en España) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
'Manifiesto contra la tortura'
El Congreso y el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica acaban de aprobar una ley, la Military Commissions Act of 2006, que justifica y propicia la práctica de la tortura, mediante la autorización de interrogatorios coercitivos y la imposición de dolor físico y mental como procedimiento pretendidamente legal. Lo ha hecho en nombre de una Guerra global contra el terrorismo cuya expresa indefinición jurídica permite comprender entre sus objetivos estratégicos y tácticos tanto a verdaderos criminales, como a grupos o personas que se enfrentan a ocupaciones militares o gobiernos tiránicos -a las que el derecho internacional garantiza el estatuto de combatientes-, organizaciones y movimientos de defensa civil o de resistencia, y a simples ciudadanos.
Esta legalización de la tortura corona una serie de escándalos globales que han puesto de manifiesto su uso por parte de agentes y militares de esa misma Guerra global, sobre quienes ellos discrecionalmente dispongan, principalmente en prisiones secretas y campos militares de detención.
La tortura es un medio violento destinado a destruir la integridad moral y física del ser humano y anular su voluntad. Tanto los llamados métodos científicos de interrogación coercitiva, como las técnicas de agresión eléctrica, química, física y psíquica definen uno y el mismo sistema de violación, degradación y sujeción de la persona. Sólo los gobiernos despóticos, corruptos o belicistas han hecho uso de esas prácticas deshumanizadoras. Sólo los sistemas totalitarios les han dado carta de legitimidad. Las comunidades democráticas, la conciencia moral y religiosa de los pueblos, el más elemental humanismo no han dejado de oponerse a sus ultrajes y a su crueldad.
La aplicación de la tortura se extiende deliberadamente a grupos sociales amplios, comprendiendo las familias, los círculos sociales o las comunidades religiosas que puedan disponer de información directa o indirecta sobre cualquier forma de resistencia política, sea o no violenta. Pero la tortura no sólo es una práctica cruel, sino que construye además todo un sistema de terror y coerción sociales. Su último objetivo es humillar y deshumanizar a las comunidades en las que se aplica, destruir sus vínculos de solidaridad, vaciar su confianza en sí mismas y liquidar su voluntad colectiva. Es la expresión siniestra de un poder ilimitado sobre los lugares más íntimos del cuerpo y sobre naciones enteras, en un mundo en el que cada día hay más injusticia y desigualdad y más desesperación.
La práctica militarmente organizada de la tortura, los abusos sexuales y de todo tipo contra hombres y mujeres, los encarcelamientos clandestinos y las desapariciones forzadas, no son una noticia nueva en la historia del Tercer Mundo, y de América Latina en particular. Ha sido más bien una constante histórica de la dominación colonial, neocolonial y neoliberal.
Pero su justificación por parte de las autoridades norteamericanas tiene consecuencias globales más graves todavía. Muchos gobiernos se han servido de la tortura, pero no podían legitimarla, ni pretendían defender y difundir la libertad con esta clase de métodos. Hoy, la propaganda a favor de la tortura en nombre de la llamada Guerra contra el terrorismo ofrece a estos gobiernos una siniestra coartada para su uso pasado, presente y futuro. Legalizada o no, la tortura es una práctica aberrante condenada por principios elementales de humanidad.
En los últimos años hemos asistido al recorte, la instrumentalización y neutralización de estos mismos derechos, hasta el extremo de hacerlos irreconocibles. El derecho a la integridad física y moral de la persona, a la defensa jurídica de su inocencia frente a poderes corporativos y estatales, y a la resistencia contra constantes violaciones del territorio, del ecosistema y de la propia vida humana ha sido una y otra vez violado. La propaganda de guerra y la legitimación de la tortura coronan este proceso regresivo de una humanidad amenazada.
Apelamos el respeto sagrado a la dignidad humana, a su integridad física y espiritual, y a su soberanía moral. Exigimos el rechazo de la tortura como una práctica inhumana, contraria a toda forma civilizada de convivencia, y opuesta a toda verdadera restauración de una dañada comunidad pacífica de los pueblos: en nombre de los Derechos Humanos.
Monterrey, México, 24 de noviembre de 2006.
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Sunday, November 26, 2006

SEaMOS DE COLORES
Una gran amiga mía que vive instalada en la ventajosa utopía caótica que es su vida desde hace años, me recomendó hace unos días que cambiase el tono de algunas de mis reflexiones, demasiado sesudas últimamente y escribiese algo alegre, como ella.
Yo le propuse que eligiese algún tema, y ella eligió que escribiese sobre los colores.
Mi amiga tiene una hija que vive en un mundo frágil, un mundo único y personal creado no sabemos muy bien por quien para ella misma, en exclusiva.
La hija de mi amiga no habla como hablamos el resto de nosotros, pero se expresa perfectamente con su mirada, sus manos, la expresión de su cara, sus pómulos, su boca.
Mi amiga, como ante todo es una persona práctica y humanamente activa, un día decidió que unos albañiles le hicieran a su hija una cama de obra, de cemento. Para que no se pudiera mover y así aguantase bien el peso de una o varias personas.
Al final decidieron pintar la cama de rojo, de un rojo oscuro, que le daba a aquella habitación con un suelo antiguo de mosaico algo desconchado un aire equivocadamente barroco.
Y desde que la hija de mi amiga estrenó aquella extraña cama, comenzó a soñar cada noche, y se reía y levantaba los brazos, estirando las palmas de las manos intentando moldear y hacer formas con el aire.
Pero como la niña de mi amiga no habla, no podía contar lo que ocurría en aquellos felices sueños que hacían que cada mañana se levantase cantando y saludando con la mano desde la ventana abierta a todo el que pasaba por la calle.
Los días transcurrían entre el quehacer doméstico, el colegio, el trabajo, la compra, la música de fondo de Llach o Serrat. Mi amiga notaba que su hija estaba más agitada por las noches. Era una agitación especial, casi silenciosa, medias sonrisas, manos abiertas, pequeños gemidos.
En la habitación donde dormía la niña ella decidió dejar la pared del fondo, la que está junto a la ventana, pintada de blanco, mientras el resto de la habitación decidió pintarla de un color morado claro.
Decidió esto por que quería que su hija tuviese un espacio blanco y neutro donde expresar lo que quisiese. Por eso le compró una caja de cartón de color azul llena de tizas de colores. Le costó encontrarla, ya que aquella caja contenía más de 50 colores, los colores primarios, los secundarios y casi todas las fragmentaciones de cada uno de ellos. Se la dio el día de su 21 cumpleaños, un extraño día que comenzaba nublado y que a mediodía más o menos dio paso a un sol espléndido de primavera.
Fueron juntas a la habitación después del desayuno y se sentaron en la cama. Las dos.
Miraron la pared y mi amiga abrió la caja y le dijo que aquellas tizas eran para que hiciese lo que quisiese en aquella pared blanca.
La dejó sola y se fue a recoger los vasos del desayuno.
Cada mañana mi amiga al levantarse miraba aquella pared y seguía blanca.
Pasó aquel mes y las cosas se complicaron en su trabajo, se estropeó el coche y un familiar cayó enfermo, un día cuando ya ella ni se acordaba de aquellos agitados sueños ni apenas de la pared, se dio cuenta al pasar hacia la cocina de que había visto algo.
Se paró en seco y dio media vuelta, su hija estaba ya vestida y preparada para el desayuno mirando aquella pared totalmente pintada con una profusión de colores que hizo que se le cayese al suelo una bolsa abierta de magdalenas que llevaba en la mano y que se desparramasen algunas de ellas por el suelo.
En aquel momento tenía tanta prisa por descifrar aquello, por darle algún sentido inmediato a lo que tenía delante, que no entendió nada.
Una paloma blanca con una mancha gris en el lomo se paró en la barandilla de la ventana, las miró y al momento echó a volar y se perdió en el cielo encapotado de comienzos de aquel día.
Una lágrima dulce y pesada como un guijarro que hace mucho tiempo que desease salir de su incómodo escondite asomó por el ojo derecho de mi amiga, bajando lentamente por su mejilla, ella intentó atraparla con la punta de su lenta lengua de aquel día, no llegó a tiempo y cayó lentamente, en un tiempo infinitamente fragmentado sobre una de las magdalenas que estaban al pié de mi amiga.
Aquel momento de silencio y privacidad, que parecía detenido en el tiempo, un secreto solo aptos para las personas que viven en la misma ventajosa utopía caótica en que viven ellas, se vio interrumpido por una ráfaga de aire que levantó las cortinas y que las hizo volverse a las dos a la ventana.
Había comenzado a llover una fina lluvia de colores, las 2 miraban sorprendidas como aquella lluvia comenzaba a empaparlo todo, dejando los tejados de color azul turquesa, los árboles de color carmesí, las antenas de color blanco, amarillo, la gente, en la calle hacía sonar el claxon de sus coches, otros los paraban y salían a la calle con sus hijos a empaparse de aquella lluvia que dejaba sus ropas de los colores más diferentes y bonitos que nunca habían visto.
Y el agua corría por la calle, cambiando de color, al momento parecía ser azul como se volvía de una tonalidad verde manzana o cambiaba al rosa más pálido.
Mi amiga y su hija habían dejado de mirar a la calle y se habían abrazado en aquella habitación donde había empezado todo.
Siguieron así unos minutos, mientras en la calle seguía lloviendo, aunque con menos fuerza, de repente, mientras seguían abrazadas, se dio cuenta mientras tenía los ojos clavados en aquella pared de que aquello que tenía delante y que un momento antes no había entendido, era lo que estaba pasando en ese momento fuera, en la calle, en el parque del barrio, en las plazas, en el mar, en las montañas.
Y entonces sin dejar de abrazar a su hija comprendió que aquello, justo aquello y no otra cosa era lo que su hija había soñado en aquella cama roja de piedra, como las camas de las reinas medievales de los cuentos.
Al día siguiente ningún periódico, televisión, radio ni medio de comunicación alguno habló de aquello.
A mi querida amiga Aurora y su hija Manoli.
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LA CAVERNA
José Saramago.( primera parte)
La Caverna de José Saramago es una aproximación desde la literatura para invitar a pensar en lo que plantea dilemas tan profundos para todos los seres humanos, cuando desde las lógicas del mercado, del consumo y del pragmatismo, se generan nuevas formas de relaciones, de concepción del mundo, de las personas, de los animales, de las cosas, que sin darnos cuenta, plantean al hombre la "naturalización" de un estado esclavo de vida, en la que como en la obra de Platón, algunos logran salir de la caverna y se dan cuenta, caen en la cuenta a tiempo, que es posible otro modo de vida, desde otra lógica distinta a la que se impone y aparece tan evidente.
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LA PIXELIZACIÓN SENTIMENTAL
Baja la vista y mira la foto de la revista que tienes entre las piernas.
Mira la foto de la derecha, la de la chica.Tu no los ves, pero hay miles, millones de píxeles, puntitos de colores, uno junto a otro como un rompecabezas de cubos.
Y al final forman una imagen, pero solo eso, una imagen.
Ahora levanta la cabeza y la giras. Ahí tienes la identidad.Esa señora mayor que esta junto a ti en el pasillo del autobús acaba de subir.No tiene resolución, ni píxeles, la bolsa del supermercado que lleva en la mano la acaba de llenar hace unos minutos con fruta que han tirado al contenedor los empleados del súper al cerrar.
No, no se cambia, no la puedes pasar a escala de grises, su vida ya es bastante gris, ya ha pasado por los 10 porcentajes del blanco al gris que tiene tu ordenador.
Hoy has llegado a casa a las 10, ayer te cambiaron el turno ¿ y que vas a hacer ?, tenías planes para esta noche. Olvídalos, ya los harás otro día. La chica que conociste en el videoclub no se va a olvidar de tus ojos, la mirada que te echó cuando salías a la calle, tú ni la viste.
Hazte un sándwich, tienes hambre pero con la hora que es, no te quieres complicar, y mañana a madrugar.
Te pesan las piernas.Turno de mañana, a verle la cabeza al de enfrente con los auriculares oyendo reegueton mientras va metiendo los muelles en las piezas y las vuelve a dejar en la cadena.Como en la tele no hacen nada bueno, coge el sándwich y la lata y conéctate a Internet un rato. Y aunque joven y precario, pero con hipoteca, eres un joven informado, métete en el periódico que estar informado es más barato que ser un ignorante, aunque da más trabajo.
Los ojos te se van a los deportes, final de la copa de europa, el fichaje más caro de la historia.No será el último.Te ha saltado un pixel a un ojo, frótatelos.
Hay una foto de una mujer pero está muy pixelada, se mueven y la emborronan. No se ve nada. Igual es un fallo del servidor. No te preocupes que tu no eres, tú ves bien. Pero no ves que le falta uno.
Una mujer que lleva 26 años en una cama, un respirador artificial y tuvo un hijo pero lo tuvo que dar en adopción por que no se podía hacer cargo de él.Veintiseis años sin moverse de una cama y solo puede hablar y mover la cabeza, eso es como lo del gallego, el de la película del Bardem.Quiere que le ayuden a morir y tú tienes un gusto amargo en la boca, como métálico, como deben de sentirlo los ahorcados.Y ahora no puedes apartar la vista de la pantalla, ya lo has leído todo y la foto ya no es tan borrosa.Al final la ves, a la mujer tumbada, y aún permaneces un rato mirándola.
Tiene cara de cansada, como la cara que va teniendo tu madre desde hace unos años.Te estás enjabonando la cabeza en la bañera y aún la ves y cierras los ojos y los apretas y ves manchas amarillas y grises como la niebla sucia de los puertos.
Tienes una media erección, otro día lo hubieses hecho, te gusta masturbarte bajo la ducha. Hoy las manos no te responden.
BUENAS NOCHES
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Saturday, November 25, 2006
TRÁGICO TESORO DE MELANCOLÍA
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Monday, November 20, 2006
Tuesday, November 14, 2006
DE PIES Y MANOS
Estamos atados de pies y manos a cumplir con la sociedad.
Somos muchos los que queremos dar el cambio. Cambiar nuestro estilo estilo de vida, nuestro entorno, sustituir la televisión absurda por la música, por una pared blanca repleta de libros.
Las caravanas de coches de las autovias por filas y filas de árboles verdes en Galicia.
Con treinta y pico ya te vas dando cuenta de que la vida es efímera, repleta de días, meses, años, lustros, pero efímera al fin y al cabo. Aunque cabe decir que aunque el tiempo transcurre igual para todos nosotros la percepción y el saber llevarse con el mismo, es diferente en cada uno de nosotros, numerosos factores pueden hacer que vivamos con él con mayor o menor recelo, el deseo, el estímulo, el gusto por la estética más pura, o también por que no decirlo por el caos más absoluto, el ansia, la lucidez…
Con todo esto y con alguna cosa más podemos afianzar nuestra relación de amor odio con el tiempo. Pero lo que aquí se habla es de cambiar nuestra realidad y por lo tanto casi seguro que también el propio tiempo.
Y en nuestro nuevo tiempo no queremos tener que ver los incendios del verano, ( ojalá se penalice el terrorismo ecológico, a ver si alguien le hecha lo que hay que tener y también hacen de este tema una ley de partidos), lo siento, no venimos aquí a hablar de política. Su tabaco. Gracias.
Y tampoco queremos ver como especulan y recalifican nuestras playas y nuestros bosques para hacer viviendas ruines e impersonales, ni queremos ver como los ríos y pantanos se secan por un cambio climático que me hace ponerme pesimista y escribir historias de un futuro cercano.
Estamos agarrados por hilos invisibles, cordones umbilicales que nos conectan al centro mismo de esta sociedad, en apariencia, puede resultar una maravilla, pero poco a poco somos más los que nos damos cuenta de todo lo contrario. Están matando nuestro individualismo personal, estamos cediendo al chantaje ocasional que se nos pone en las manos. Pero en el fondo a muchos nos están comprando la libertad.
Una amiga quiere hacer el cambio y despertar en una casita del pirineo, de piedra, con un huerto lleno de lechugas y coles, abonado con estiércol de vaca, con una chimenea, y con un corral detrás para tener gallinas.
Otro amigo quiere dejar su trabajo, pero no puede. No tiene hijos, pero tiene una hipoteca que alimentar. El quiere dirigir una película y conocimientos y ganas no le faltan.
Otros piden algo más simple, tiempo .Un tiempo esponjoso para llenarlo de cosas en todos sus huecos.
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Thursday, November 09, 2006
ULTIMAS TARDES CON TERESA

Magnífica novela de Juan Marsé escrita en el año 1966 y plenamente actual hoy en día, tanto en su forma como en su fondo. Últimas tardes con Teresa, tiene todos los componentes que hacen de una novela una obra maestra, el perfecto dominio de los tiempos, brisas de romanticismo que contrastan claramente con las connotaciones trágicas que no dejan de percibirse a lo largo de toda la novela. Marsé recrea un retrato en blanco y negro de la Barcelona de posguerra, una ciudad afilada, desafiante, desgarrada, con sus contrastes marcados a flor de piel, de la opulencia a la carencia, del afecto al olvido….
En definitiva una historia que no dejará indiferente a nadie, ya por la calidad y complejidad de los personajes, así como el detallista retrato de todo lo que los rodea.
Esta es una de esas novelas que el que la ha leído, no la puede olvidar, se queda de alguna forma como materia residual del inconsciente. A mi parecer esta novela guarda una bella similitud, con otra donde la belleza y la tragedia de funden sórdidamente, y es NADA, de Carmen Laforet, novela de la próximamente hablaremos.
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Friday, October 27, 2006
LA VIDA QUE TE ESPERA
Ayer hizo doce años que no llueve, aunque con los sistemas de dispersores nos vamos apañando.Hoy cumplo 27 años.
Mi hermano nacerá dentro de seis meses me ha dicho esta mañana mi madre en el refugio, hace muchos años que los nuevos dejaron de nacer a los nueve meses como antes, él no va a notar ningún cambio.
Yo me acuerdo de poco, pero aún recuerdo alguna cosa.Cuando empezó todo se suicidó mucha gente, de eso hace años, ahora ya, creo que todos nos hemos acostumbrado.Se oyen pocas vOces opuestas al nuevo sistema.
Todos callan, se borraron muchas palabras de los diccionarios, las que no interesaban.Imaginároslas. No es difícil, yo no puedo reproducirlas aquí, tampoco las se todas, algunas ni las he conocido.
Bastante me arriesgo con enviar este mensaje. Espero que le llegue a alguien.Hasta a la vida subterránea nos hemos acostumbrado, tampoco es tan incómoda. El aire de nuestro estadio lo purifican cada noche los ordenadores centrales de la organización, y con la comida, algo parecido.Tenemos zonas de plantación comunes, pero están muy saturadas, casi todo se come, se trata de hacer los menos deshechos posibles. La genética es nuestra religión y nos debemos a ella.
La semana pasada haciendo cola me dijo el hombre que tiene colocadas las manos en los hombros que él hacía muchos años tuvo un perro, me dijo su nombre en un susurro, era una palabra prohibida, yo miré a los lados, me sentí cobarde, pero miré a los lados.Hacía tanto tiempo que no oía de nadie una palabra prohibida que se me llenaron los ojos de otra palabra prohibida.Cuando acabé y volvía a mi módulo me di cuenta de que le tenía miedo y a otros tantos como él, los pocos que sobrevivieron a las explosiones y cuando me pasa eso por la noche después del cambio, echado en el colchón me doy asco y me pongo a sudar y me huelen las axilas y intento recordar algún olor, alguna imagen, algún programa de televisión, una vez incluso vi un montón de libros.
Y entonces la garganta se me queda seca, intransitable con un sabor metálico, el que deben de sentir los ahorcados veintisiete segundos antes de morir, un segundo por cada año que tengo.Entonces cojo mi depósito de agua clorada y empiezo a beber y pienso que me baño desnudo en una playa, como las que había hace tantos años, antes de que todo subiera .Últimamente evito ir a la cola de los controles, lo dejo para el último día de recuento.
Hoy me siento deprimido, a veces pienso que es inútil hablar. Ya nadie se acuerda de nada, mi abuela hace ya unos años que dejó de decirle a todo el mundo que fue una actriz famosa, que salía en las revistas, en la televisión. A nadie le interesa.
Yo a veces me acuerdo que de pequeño quería ser escritor, publicar palabras prohibidas, otras veces se me olvida, y entonces cuando me acuerdo cierro los ojos fuerte apretando todo lo que puedo los párpados y cierro los puños y me hago daño con las uñas y veo un fondo lechoso lleno de manchas negras y amarillas. Así intento que no se me olvide.
Mi madre me ha dicho que a la niña la llamará lluvia, Victoria está prohibida.
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Thursday, October 26, 2006

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA
José Saramago.
Novel de literatura en el año 1998
El ensayo sobre la ceguera es un libro necesario en la sociedad de nuestros días. Una novela valiente y arriesgada, como su autor.
En una ciudad cualquiera, de un país democrático cualquiera el autor plantea una macabra hipótesis, una ceguera blanca total y absoluta, casi de golpe, paulatinamente toda la sociedad se queda ciega, sin ninguna transición ni metamorfosis .Todos menos una mujer, la mujer del médico y una de las principales protagonistas de la historia.
El punto de partida es un hombre que parado con su coche en un semáforo en rojo, de repente deja de ver. Es el primero. Las personas que en ese momento pasan por allí lo llevan a la consulta de un oftalmólogo que tiene la consulta en la misma calle. En la consulta esperan un grupo de personas, un niño, un viejo acompañado de una muchacha de gafas oscuras, un hombre de mediana edad…, todos, uno por uno quedarán ciegos por una ceguera blanca, lechosa y repentina. Todos, toda la ciudad, todo el país, menos la mujer del médico oftalmólogo que tiene a este grupo de personas en la consulta. La mujer que se encuentra cerca de la consulta se reúne con ellos y a partir de aquel momento pasará a ser la guía y los ojos de cada uno de ellos.
Al perder la vista todos y cada uno de los habitantes de la ciudad, poco a poco comienza a reinar el caos, no hay medios de comunicación, ( uno de los últimos en perder la vista es un locutor de radio que desde su programa intentaba poner un poco de orden en aquel caos ), se paralizan los ascensores, dejan de funcionar muchas instalaciones eléctricas, los medios de transportes, los hospitales están desatendidos y los servicios de limpieza y recogidas de residuos dejan de funcionar.
Pronto algunos grupos de ciegos comienzan a organizarse y surgen mafias que utilizan el soborno y la violencia para conseguir y vender la escasa comida que queda. Aparece el mercado negro y sus peligrosas consecuencias.
Mientras tanto nuestro grupo protagonista sigue recluido en el piso del médico, atendidos por su mujer y siguiendo los acontecimientos a través de las ventanas que dan a la calle. Pronto comienzan a terminarse las provisiones, el caos y la delincuencia se han generalizado en la calle, muchos pisos son atacados cuando llaman a la puerta y la abren sus dueños, otros presas de la locura los abandonan y se lanzan a las calles.
Y la mujer del médico lo está contemplando todo, al principio todos creen que acabará por quedar ciega, hasta ella misma lo cree, pero pasan los días y esto no sucede. Y todos comienzan a preguntarse ¿ por que ?.
De repente aparece un elemento nuevo, una autoridad traducida en un ejercito hipotético saca a todos los ciegos de sus casas y los recluyen en un gran edificio a las afueras de la ciudad. Se convierten en apestados, en supervivientes y desterrados. Todo el grupo es llevado allí a la fuerza sin importar la situación ni el estado de cada uno. La mujer del médico permanece con su sentido de la vista intacto, nadie lo sabe, y el que lo sabe o lo presiente por su seguridad no lo dice.
El mundo se ha convertido en un retorno a los orígenes más primitivos y más degradantes del hombre, todo es suciedad, despropósitos, rivalidad, envidia por l que se presupone que tiene el otro, frustración, los instintos más primarios aparecen y todo vale en un mundo en el que ya no existen normas, ni leyes, ni ética, ni educación sentimental, ni nada que se le parezca. Y el edificio en el que se encuentra no es una excepción.
Se pueden establecer muchas y muy diversas conexiones en esta obra una sería la ceguera y el mito Kafkiano, a sí como en la metamorfosis la transformación en insecto de Gregorio Samsa no responde a ninguna lógica ni a ningún proceso natural y razonable, la súbita ceguera que se describe no tiene ninguna explicación ni lógica aparente.
Todo y todos se transforman y lo humano se vuelve inhumano y lo existente se convierte en inexistente, así es como en una escena que describe la novela en una iglesia atestada de ciegos harapientos y desesperados adorando a un dios que ya no ven se refleja en toda su crudeza el mito de los 4 jinetes de la Apocalipsis, la peste, la ceguera, el hambre, la muerte.
La mujer del médico, la única que a parte de ver y supervivir, tiene una visión y un criterio real de lo que verdaderamente está pasando, tendrá que vencer sus escrúpulos y liderar al grupo en el que se encuentra su marido, atacado y sometido como todos los demás por los grupos de ciegos que han tomado el mando del edificio. Primero pasarán a apropiarse de la comida y el agua, después comenzarán a violar a las mujeres. En uno de estos capítulos la mujer del médico matará al ciego cabecilla de la banda, clavándole unas tijeras en el cuello.
Al final se declara un incendio y consiguen escapar del edificio, entre la podredumbre que se han convertido las calles de la ciudad, la mujer del médico consigue reconducir de nuevo al grupo al piso de donde salieron. Ya no puede dejarles son una familia, son el único ápice de humanidad que queda, de solidaridad. Poco a poco todos y cada uno de los ciegos recobrarán la vista y aparecerá ante sus ojos un mundo gris, sucio y deshumanizado. Hay que comenzar de nuevo.
Hay un pasaje del libro que me gustaría reseñar, al final cuando todos van recobrando la vista, la mujer del médico contempla la vista de la ciudad desde la azotea del edificio, bajo un cielo gris plomizo y aguantando una lluvia menuda y viscosa. Por un momento pierde la visión de lo que está contemplando y se sume en una blancura absoluta. Pero solo por un momento. Ella no se ha quedado ciega.
En resumen, el autor nos alerta en esta gran novela sobre la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron, sobre las graves consecuencias de la sociedad de consumo, sobre los límites de los sistemas capitalistas, sobre nuestras propias relaciones con nuestro vecino. Moral, ética, educación…
JUZGUEN USTEDES MISMOS……
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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Wednesday, October 25, 2006
LA DECISIÓN DE SOPHIE ( capítulo segundo )
Sophie, a parte de ver en ello una salvación temporal para su propia persona, ve la oportunidad de salvar de algún modo a lo único que le queda. Su hijo Jan.
Pasará a redactar cartas y escritos dictados por el propio comandante y conocerá de primera mano los envíos de deportados, los proyectos de construcción de nuevos campos, los métodos a utilizar… El tiempo que permanecerá en esta especie de urna de cristal dentro del cementerio, se creará una sutil y a veces tensa relación compuesta por unos hilos invisibles, muy difícil de conectarse, pero existentes, entre el propio Rudolf Hoss y ella.Sophie en un sobreesfuerzo de vencer todo tipo de escrúpulos decide usar su cuerpo y su mente con un solo fin, intentar saber algo de su hijo y salvar su vida. Sobrecogedora es la descripción y narración del terrible desenlace que conducirá de nuevo a Sophie a los barracones.
En una habitación superior del edificio, aséptica, con las lamas de madera pintadas en un blanco cegador, con el olor incrustado del desinfectante (una de las obsesiones de los nazis fue el evitar cualquier contacto y contagio con los judíos, por lo que usaban potentes desinfectantes),Sophie intentará agarrase a uno de esos hilos invisibles en un inútil y desesperado intento de seducción que será recibido por el comandante como una degradación de la mujer. El realmente se siente atraído por ella, por sus rasgos arios por su perfecta habla y escritura de la lengua germana. Llega a estar tentado de poseerla, de concebir un hijo con ella, un hijo puro, el modelo de niño que buscan todos ellos, el que haga perdurar y sobrevivir la raza, el que defenderá en un futuro los valores de su doctrina.
Pero en medio de una febril jaqueca, él la rechazará acusándola de ser una mujer fácil, una buscona, de no responder a los verdaderos valores. Entonces entre lloros y con más de la mitad de su propio sentido humano perdido y abandonado, de su propia existencia y de su propia persona, Sophie se jugará su última carta, sacará el panfleto y se lo enseñará al comandante. La reacción del otro será de desprecio hacia aquellas ideas únicamente antisemitas del padre de ella, carentes del sentido elevado y de descubrimiento de un nuevo hombre, EL SUPERHOMBRE, que tienen las suyas. También verá que aquella huesuda y atractiva polaca, extraña a sus ojos e inquietante se ha convertido en un problema a eliminar, una manzana que puede terminar por contaminar al resto. Al día siguiente será enviada de nuevo al campo de concentración, al hacinamiento de los barracones, a la prácticamente absoluta inanición…
Pero antes de salir de aquella luminosa y asfixiante habitación, logrará sacarle un compromiso al comandante, ya que ella no podrá salvarse de los objetivos, de la solución final, le pide que haga que se salve su hijo, que lo envíe a otro campo para que lo incluya en el Lebersborn, el programa de adopciones ilegales (una de las ideas más aberrantes y más antinaturales de cuantas tuvieron y ejecutaron los nazis), él le prometerá que hará todo lo que pueda. Y esta frase será una de las agarraderas de Sophie para el resto de su vida. Pero será solo eso una frase vacía.
Sophie permanecerá por espacio de 6 meses más en aquel campo, con una severa desnutrición y con un estado transitorio mental que por momentos llegará a rozar la locura en muchos de sus diferentes estadios, será liberada junto a el resto que había logrado sobrevivir por el ejercito ruso en su incursión en Alemania ante el inminente retroceso y caída de los nazis.
Vagará varios años en campos de refugiados y hogares de acogida de Francia y Suecia antes de embarcar a Estados Unidos y llegar a Brooklyn.
De sophie ya lo hemos dicho casi todo, el resto, aunque no intrascendente, es todo consecuencia de un pasado marcado a fuego, lleno de cavernas oscuras e intransitables, tan difícil de olvidar como su propio tatuaje del brazo.
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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Saturday, October 21, 2006
El TIEMPO
EL TIEMPO...
Para muchos de los que ya hemos andado un trecho del camino, nos hemos aclimatado a él y para los demás, más o menos también.
Infinita abstracción; prostituida, mal utilizada en beneficio de otros.
No es materia, pero nos afecta, no es carne, pero nos duele que se vaya. Es solo eso TIEMPO, una masa sin forma, ni color ni olor. Es la abstracción relista de los poetas.
Nacemos solos, asistidos y ayudados, nos limpian la sangre, nos arropan y nos devuelven el color y todo en presencia del testigo infinito. Comienza el espectáculo.
Y ahí está, en la misma habitación en la que ahora te encuentras, siempre en el mismo plano, ni arriba ni abajo, o lo quieres o lo dejas. Vayamos de la mano.
Alguna vez todos habremos oído algún comentario acerca de él, de apropiación, daros un tiempo…, de falsa culpabilidad, me ha faltado tiempo…, cuando él poco entiende de nuestros fracasos y nuestras frustraciones, ni tiene que ver en la curación de nuestros males, o con el retorno de los sentimientos, solo lo contempla desde su estado infinito, ni líquido, ni gaseoso, infinito.
Es un orden superior, expansivo, invasor, la invasión silenciosa, el gran valor social ignorado.
El año pasado en una exposición que pude ver en una ciudad que visité por trabajo, había en una sala un gran lienzo blanco, un lienzo almidonado, apenas blanqueado, a ambos laterales del rectangular lienzo habían dos paréntesis, uno abierto a un lado y el otro que cerraba, estaban pintados en un gris claro, muy difuminados.
A su izquierda, estaba la reseña de la obra en la que se podía leer la fecha y su título TIEMPO.
Allí parado me sentí provocado ante aquel ejercicio que apelaba a la ignorancia. Pensé en salir a la calle, pero aquello me tenía agarrado y me detenía delante.
Entonces fue cuando lo vi. Una voz interior que no era la voz de ningún dios ni de ningún otro ídolo caído me dijo, TIEMPO, eres tú.
Y yo sonreí al comprobar que aquella voz era la mía, y que aquel tiempo representado en un lienzo como una lechosa metáfora, era únicamente mío e intransferible.
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LUIS ROSER RODRIGUEZ
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